lunes, 26 de enero de 2026

Aluche


Acabo de volver de una entrevista de trabajo en un hipermercado. Una hora de trayecto en dos trenes, con copias de mi título universitario (ocho añitos ya), el de Bachiller y el de la ESO, por si acaso. Porque mi vida está repleta de porsiacasos. La muchacha de Recursos Humanos me ha devuelto el universitario y el de Bachiller: «Con el de la ESO me vale».

¿Es egoísta desear que no me cojan? ¿Y pensar que me pongo en lo peor si creo que sí lo harán? Eso sería lo optimista, lo ideal, sobre todo en mi situación. Precaria, en paro, perdida en la vida y sin un duro. «Lo que vaya saliendo.» «Cualquier cosilla es más que nada.» «Y si es un mes malviviendo por 600€ pues bueno, eso que te llevas.» Eso que me llevo. Una persona deprimida y quemada de la vida sobreviviendo un mes a base de horarios rotativos, cero organización y tareas precarias y nebulosas a cambio de 600€, que no dan para nada, pero son más que cero, claro. Porque es egoísta no querer una vida así. Es egoísta porque muchas personas la tienen, y la sobreviven, y hay gente que está incluso peor. Siempre hay alguien que está peor. Así que es egoísta desear que no me llamen.

Porque claro, desde fuera se ve genial. Está en paro, tiene todo el tiempo del mundo, hace lo que quiere: se organiza sus mañanas, va al gimnasio, va a la compra, se encarga de la casa, hace sus cosas. Escribe, juega, lee. Va a sus clases, esas que con un trabajo precario se quedan en un limbo de incertidumbre. Siempre saluda, siempre sonríe, siempre haciendo cosas, siempre saliendo de casa, va de acá para allá: a su escritura, a su club de lectura, a su gimnasio, a su patinaje, a ver cuándo retoma boxeo que le gustaba mucho y así se desestresa, que a veces parece un poco agobiada. Duerme hasta la hora que le apetece, se va al ordenador y escribe sus historias hasta que le viene en gana, luego se va al sofá a leer, o a jugar. Tiene una lista de juegos pendientes, está intentando dejar el móvil de lado, ser más consciente, ser más feliz, ser mejor. Está intentando conectar consigo misma pero no pensar demasiado, porque entonces se desanima y eso no puede ser; ella puede con todo, vale mucho, tiene que creérselo, todo pasará. A ver si la llaman, espero que la cojan, aunque sea durante un mes, aunque sea de cajera, cualquier cosa le viene bien ahora, no estamos para ponernos exigentes. El mundo no se detiene. A veces se la ve triste, pero dice que está cansada. Se levanta tarde, pero duerme mal. Siempre le duele algo. Dicen que a veces llora sin motivo. Lleva tres días muy apagada, muy borde. Ah, mira, hoy parece que está mejor, se la ve más animada. El fin de semana fue al cine y a cenar y luego, a un concierto, ¡no para! Y sus clases, que le encantan, sobre todo escritura. Que la tiene que dejar un tiempo por los horarios rotativos de vete tú a saber dónde, bueno, no te preocupes, es temporal. Todo es temporal en este tiempo que no se detiene por nadie. Uy. Qué raro. Si parecía que estaba bien. Sí, tenía sus días, pero como todos, ¿no? Todos tenemos días de esos. Qué pena. Era muy joven. Ella decía que no, pero estaba en sus treintas, eso es ser muy joven. No me lo esperaba para nada. Siempre sonreía, era muy amable, siempre estaba ahí para todo el mundo. Era muy simpática, era muy graciosa. Qué lástima. En fin, no somos nadie.

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